Una novela de 200 páginas, maquetada en un día
Llegó un manuscrito en Word con 3.345 párrafos y ni un solo estilo de párrafo. Armé el sistema de maquetación y entregué los interiores el mismo día. El sistema es el entregable; el libro es lo que salió de él.
Cómo venía el original
3.345 párrafos, todo formato directo, sin estilos y sin saltos de página. Los capítulos se separaban con rachas de treinta a treinta y siete párrafos vacíos, más otras mil y pico de líneas en blanco sueltas por el medio. Los diálogos se abrían con seis signos o pares de signos distintos: uno de ellos 178 veces, el resto ocho, cinco, tres, dos y dos. Los títulos estaban tipeados con espacios entre las letras, C A P Í T U L O I, que rompe la justificación y el partido de palabras. Y cada párrafo traía una sangría derecha negativa que sacaba el texto fuera del margen.
Nada de eso es raro. Es como se ve un manuscrito cuando el que escribe escribe y nadie en el medio formatea.
Lo que lo volvía automatizable
No había un solo estilo declarado, pero los cuerpos tipográficos eran consistentes de punta a punta. 24pt para partes, 18pt negrita para capítulos, 14pt negrita para subtítulos, 12pt para cuerpo, itálica para las cartas. Eso significaba que la estructura se podía inferir del cuerpo en vez de adivinarla, y convierte la extracción entera en un trabajo de reglas y no en una decisión párrafo por párrafo.
El extractor pasó 1.628 párrafos a 27 archivos, 23 capítulos, sin excepciones y sin nada que quedara sin clasificar. Después se verifica solo: compara letra por letra los 1.555 párrafos de cuerpo del manuscrito contra lo que quedó escrito en los archivos, sacándole antes la sintaxis de maquetación. Sin esa comparación, un párrafo que se comió una regla de clasificación no lo nota nadie hasta la lectura de galeras.
Medir en vez de confiar
Pedí 15,5pt de interlínea y la página devolvía 11,3 de base a base, con las líneas casi tocándose. En Typst la interlínea es el hueco entre cajas de línea, no la distancia entre bases, y el alto de la caja sale de las métricas de la fuente. Arreglar la caja para que el número valiera lo que dice dejó el libro en 197 páginas en vez de 154.
Son 43 páginas de diferencia producidas por un parámetro que se veía bien y compilaba sin un warning. El número confiable es el que medís en la página.
Las decisiones se comparan, no se discuten
Cada decisión de diseño se tomó contra un banco: el libro entero compilado una vez por variante, y las tres ancladas en la misma frase y no en el mismo número de página, porque con distinta interlínea el texto se corre y comparar la página 14 contra la página 14 no compara nada.
Las cartas son el caso donde el banco cambió la respuesta. La itálica era el default obvio y es lo que hace todo el mundo. Pero las cartas ocupan nueve páginas seguidas, y la itálica está pensada para marcar un pasaje corto adentro de un texto redondo, no para sostener una lectura larga: a esa distancia el ojo pierde las diferencias de forma que usa para reconocer palabras. Una mancha más angosta dice "esto es otra voz" de un vistazo y no cansa. Costó dos páginas.
Lo que descarté
Construí las capitulares, las probé y las descarté. Funcionaban, el libro quedaba en la misma cantidad de páginas con cualquiera de las tres variantes, y la raya de diálogo colgada caía bien en los nueve capítulos que abren hablando.
Lo que las mató no estaba en el banco. Diez de las veintiséis aperturas tienen el primer párrafo de menos de dos líneas, y una es una sola oración. Al lado de una capitular eso deja un hueco. Se habría visto bien en la mitad del libro y rota en la otra mitad. Sigue construida y se enciende cambiando una línea, si algún día otro manuscrito la pide.
La parte que más lejos llega
Los primeros reportes marcaban las cosas por número de párrafo. Párrafo 1287. Eso es una coordenada adentro del archivo de Word, y la editora no tiene el archivo de Word, tiene el PDF. Una referencia que el otro no puede usar no es una referencia.
Así que ahora la herramienta abre el PDF compilado y ubica cada marca como página y línea, contando desde la primera línea de texto de esa página. Encuentra la marca aunque caiga justo en un corte de línea, porque vuelve a unir las palabras partidas antes de buscar, y si no la encuentra lo dice en vez de borrar el renglón en silencio. Eso obligó a un orden: extraer, compilar, ubicar. Es la regla de este proyecto que más reusé después, y no tiene nada que ver con libros.
Lo que no hace
Es un solo libro, así que lo que parece genérico en realidad es "lo que necesitó esta novela". No saqué una biblioteca, y fue a propósito: parametrizar con un caso solo es adivinar qué va a pedir el próximo libro. Lo que sí hay es un inventario escrito de qué archivos son genéricos y cuáles son de este libro, para que el segundo arranque copiando este y borrando lo específico. La biblioteca se extrae cuando haya un segundo caso del cual extraerla.
El otro límite es honesto: el día fue posible porque el manuscrito, con todo su desorden, era mecánicamente consistente. Un archivo donde los cuerpos bailen mueve el trabajo de escribir reglas a revisar párrafos, y ese es otro trabajo con otro presupuesto.
La novela es Hermana, de Eduardo Marcial Paz. Interiores entregados el 21 de agosto de 2026.